Ahora que la serenidad se ha apoderado de mi, que vuelvo a ser una balsa de aceite, ahora que la sonrisa se dibuja en mi cara y me llena por dentro; ahora que noto el calor que irradio, ahora que soy como una estufa en el centro de Siberia, ahora que soy capaz de derretir muros de hielo tan sólo pasando mi mirada, ahora que mis sentidos han aprendido a omitirse y reinventarse según les viene en gana, se han convertido en seres autónomos captadores de información.
Ahora que disfruto de cada situación, disfruto de la brisa contra mi cara, y de como logro imponerme a ella, disfruto de sentir frío en mi piel; disfruto de la melodía que resuena en mi cabeza, de cada página del libro que paso, disfruto al comprender que esta vida no se mide por preludios, si no que hay que dejar que pasen los episodios, disfruto de aguantar y aguantar; disfruto del instante sin saliva en mi garganta, disfruto de la sequedad de mis palabras; ahora, incluso, me disfruto a mi mismo tal como soy.
Ahora que no pienso con más antelación de la necesaria, que no hago planes para un tiempo más lejano de 5 minutos; que pienso que sería mejor no pensar, que pienso en mi, y que pienso en otros; que pienso que esta sensación nunca debería acabar, y que pienso en todas las sensaciones que pasaron, el tocar una hoja, el erizarse la piel por un roce inesperado, el dilatarse la pupila para captar mejor la luz.
Y ahora que quizá piense que estoy enajenado, que quizá nunca pensé en estar así de bien y de tranquilo, que quizá nunca creí que me encontraría a mi mismo, que quizá nunca me imaginé que podría llegar al punto de mostrarme tal como soy, sin más ni menos que yo mismo, que no me avergüenzan mis carencias ni presumo de mis virtudes, tan sólo dejo que actúen como les venga en gana.
Ahora que no me importa que la gente me juzgue, no me importa lo que pase, y mucho menos lo que no pase; ahora que soy como un ente ajeno a este mundo, que tengo mi propio mundo, ahora que tengo la serenidad de saber que nada puede afectarme, me ha crecido un halo de imperturbabilidad.
Ahora que no me importa lo que otros piensen, hagan, actúen o sientan, pero mis sentidos están atentos a cualquier modificación que se produce a su alrededor para poder seguir siendo yo en un mundo cambiante.
Ahora que sigo las palabras en el aire mucho mejor que en las bocas ajenas, que sigo los rastros mucho mejor por las huellas que por las personas que los dejaron; ahora que construyo castillos en el aire y se mantienen erguidos.
Ahora que miro a mis profundidades y no siento temor si no cálida ternura.