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jueves, 29 de noviembre de 2007

De los antiguos, parte II

Y es que algo que siempre me ha sorprendido de los antiguos (véase como antiguos, más o menos, desde la generación de mis abuelos hacia atrás), es su tremenda rectitud y dureza, totalmente contrapuesta a esta sociedad que hemos construido entre todos, pues, casi todos, pero esto es algo que se puede cambiar con el tiempo, claro está.

Siempre me llamó la atención su actitud hacia la vida, su sopesación de los hechos, su manera de arriesgar, su dureza hacia los cambios que les afectaban negativamente, la manera de ver el pasado no como un "sucedió", "qué mala suerte", si no como un "yo quise que fuera así, y punto".

Otra cosa que siempre me llamó la atención es que, cuando leían, leían en voz alta, simplemente para comprender mejor el texto que leían, su musicalidad, su ritmo y traqueteo, su armonía y sus ideas, ya que no tenían nada que esconder, es más, antes, a quien leía en voz baja, directamente pensaban, ¿qué estará tratando de escondernos?, es tan sólo una muestra más de su rectitud.

Sin embargo ahora, ¡ay ahora!, somos lo más parecido a unos curas oprimidos y reprimidos, abogamos por la compasión, por el no-dolor, el no-sufrir, en definitiva, el no-vivir, cada vez nuestra piel es más blanda y se ve más fácilmente atacada por cualquier agente externo, pero claro, eso viene bien según a qué esferas, ya que, cuanto más blanditos nos volvamos, más nos pueden atacar con cosas más nimias, el dolor, el sufrimiento, son tan sólo otros aspectos de la vida, si cabe más nobles que ser una balsa de aceite, el arriesgar por un fin, el ir a por todas con un fin, por tu fin, en definitiva, la valentía, ya lo he dicho más de una vez, pero no me importa repetirme, ser valiente es bueno, coger al toro por los cuernos sin importarnos las consecuencias, o al menos sabiendo que las cosas pueden salir de una manera que no esperas, y esforzarte lo máximo para que no sea así, pero, si al final sucede, poner en nuestra mente un "yo lo quise así, y así sucedió", enfrentarnos a la vida con sus mismas armas, un derroche de fuerza propio de los más grandes, pero claro, para derrochar tanta cantidad de fuerza hay que tenerla, y saber recuperarla, como la vida misma.

Por esto y por más, es deber nuestro venerar a nuestros antiguos, y, si por cualquier razón no nos gustaron demasiado, respetarlos con todo nuestras (pocas) fuerzas, ¡ojalá me endureciera tanto como ellos algún día!, y pudiera ver la vida a través de sus ojos, unos ojos llenos de fuerza y brillo, una mente despierta y resuelta, y una determinación como ninguna otra.

2 Deja tu comentario, no cobro ;):

Sara dijo...

Permíteme que te aplauda porque creo que esa admiración por los antiguos es tan digna como la nobleza que tienen algunos de ellos.

Si vivimos en la sociedad de desechar las cosas rápidamente, ellos no son desechables, porque nos dan mucho más de lo que creemos:
la serenidad para mirar con otros ojos.

Sarita conmovida...

Sr.DelGaS dijo...

Muchas gracias reina, es un halago, como siempre ;)