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martes, 16 de octubre de 2007

Pisando el suelo

Ya volví, vuelvo a estar delante de este trasto de silicio que no para de mirarme con ojos golositos, así es muy difícil concentrarse...

Hoy que ya pienso y recuerdo con nostalgia cosas que pasaron hace apenas 40 horas, paisajes que ya pasaron, y a la vez se quedaron, piedras para tropezar en un camino marcado, y se tropieza; ¡vaya si se tropieza!. Después de haberse elevado tan alto, no se debe caer al suelo demasiado rápido, debe haber una despresurización antes, pero nunca me da tiempo a eso, estoy tan a gusto ahí arriba, mirando y dejándome bañar por el Sol ardiente, sintiendo frío en mis pulmones y en mis músculos, por más que se esfuerza en calentarme, mirando las nubes por debajo de mi, así ninguna nube pasajera puede enturbiar mi mirada, es más, sirven de escudo para los ojos luminosos apostados abajo, que no ven más que siluetas.

Pero claro, estando tan bien ahí arriba, esperas al último momento para bajar, y al llegar abajo, según pones los pies en el suelo notas como todo empieza a apretarte y piensas... -Joder, otra vez, esto me pasa por bajar a pelo.- notas el aire comprimiéndote, empiezas a pensar como la presión atmosférica puede ser tan pesada, y notas un terrible calor, claro, acostumbrado a estar arriba, con el aire gélido, bajas y todo te parece ardiente, tu garganta empieza a quemar, y ese quemazón comienza a bajar... esta a punto de suceder lo peor... a la sensación de pesadez extrema se une un calor abrasador en los pulmones, no puedes más que retorcerte un rato en el primer sitio que veas.

Depende de las fuerzas que te queden, hay veces que pierdes el sentido de la realidad por un rato... lo único bueno es que esta agonía va pasando con el tiempo, depende del día, puede durar unos minutos o varios días... me parece que esta vez es el segundo caso, y ahí sigo, debajo de una encina retorciéndome y esperando que pase rápido, esperando elevarme de nuevo, y sentir tu cálida templanza y tu frío invernal, subir hasta donde los pájaros no se atreven, donde hay tan poco oxígeno como tanta claridad, donde se confunde la luz con el hielo, y las noches se ven tan espléndidas como los amaneceres, ahí quiero atardecer, justo ahí, y comenzar a vislumbrar estrellitas, ahí quiero me quiero sumergir, en ese azul profundo, en ese negro profundo, lejos de las miradas con recelo, que puedan ensuciar esta bella estampa.

Vuelta a la realidad, vuelvo a notar el suelo debajo de mi, aunque más bien es una sensación como si el suelo fuera el que me pisa, vuelve el aire a apretarme fuerte contra él, en verdad se alegra mucho de verme, su abrazo es tan fuerte y tan agradable como el tabasco.

Para lo único que me quedan fuerzas es para mirar arriba y pensar, ¡quiero volver allí!, y es que el anhelo nunca ha sido mi fuerte...

4 Deja tu comentario, no cobro ;):

Elbereth dijo...

Yo siempre ando en las nubes...para volver a caer...y volver a subir...y así hasta el infinito...

Sr.DelGaS dijo...

Bueno, así seguro que no te aburres ;), no te creas que yo no voy subiendo y bajando constantemente...

¡Un beso!

Mae dijo...

Holaaaaaaa. Yo creo que el anhelo no es fuerte de nadie. Lo que hay que saber es estar tanto arriba como abajo y nunca dejarse llevar. espero que pronto alcances de nuevo el punto exacto en el que seas feliz.
Besos.

Sr.DelGaS dijo...

Wenas Mae (la desaparecida o abducida, según se mire), si yo feliz soy cuan perdiz, por eso no te preocupes :D

¡Un beso!